“Yo predico el Superhombre. Yo os anuncio el Superhombre.
El hombre es algo que debe ser superado. ¿Quién de vosotros ha hecho algo para superarle?
Todos los seres, hasta el presente, han originado algo superior a ellos mismos; ¡y mientras, vosotros, queréis ser el refluir de esa marea y retornar a la animalidad, mejor que superar al hombre!
¿Qué es el mono para el hombre? Un motivo de risa, o una dolorosa vergüenza. Pues otro tanto debe ser el hombre para el Superhombre: una irrisión, o una afrentosa vergüenza.
¡Habéis ya recorrido el sendero que va desde el gusano al hombre, pero queda aún en vosotros mucho de gusano!
En tiempo pasado fuisteis simios, ¡pero ahora es el hombre más simio que cualquier simio! Y el más sabio de todos vosotros no pasa de ser una realidad disparatada, un ser híbrido de planta y fantasma.
Mas ¿os digo yo que os transforméis en plantas o en fantasmas? escuchadme, os diré qué es el superhombre:
El superhombre es el sentido de la tierra, que vuestra voluntad diga: ¡Sea el superhombre el sentido de la tierra!
Hermanos míos, yo os exhorto a que permanezcáis fieles al sentido de la tierra, y nunca prestéis fe a quienes os hablen de esperanzas ultra terrenales! Son destiladores de veneno, conscientes o inconscientes. Son menospreciadores de la tierra, moribundos y emponzoñados, y la tierra les resulta fatigosa. ¡Por eso desean abandonarla!
Antaño, los crímenes contra Dios eran los máximos crímenes, la blasfemia contra Dios era la máxima blasfemia. Pero Dios ha muerto, y con él han muerto esas blasfemias y han desaparecido esos delitos. Hogaño el crimen más terrible es el crimen contra la tierra; es decir, poner por encima del sentido de la tierra las entrañas de lo incognoscible.
Antaño el alma miraba al cuerpo con desdén, y no existía virtud más excelsa que aquel desdén. El alma quería ver el cuerpo demacrado, horrible y muerto de hambre: así creía llegar a emanciparse de él y de la tierra.
¡Oh, mas el alma misma estaba macilenta, horrorosa y famélica, y la crueldad era su deleite!
Pero hablad vosotros hermanos míos. ¿Qué os dice vuestro cuerpo sobre vuestra alma? ¿No es vuestra alma miseria, o basura, o una sucia voluptuosidad?
Verdaderamente, el hombre es una corriente impura y cenagosa. Hay que tornarse océano, para poder recibir tal corriente turbia y cenagosa sin contaminarse de su impureza.
Escuchadme, yo os diré lo que es el superhombre. El superhombre es la misma cosa del océano que os hablaba, aquel en que puede sumergirse vuestro gran menosprecio.
¿Qué es lo más grande que puede sucederos? Que llegue la hora del gran menosprecio, la hora en que os asqueéis de vuestra propia felicidad, o de vuestra razón, o de vuestra virtud. La hora en que os digáis: ¿Qué me importa mi felicidad si no es mas que miseria, o basura, o una voluptuosidad lamentable? Y, en cambio, ¡la felicidad debiera justificar incluso la existencia!
La hora en que os digáis: ¿Qué me importa mi razón? ¿Acaso ansía esta el saber, como el león su alimento?, ¿o es pobre y sucia, una voluptuosidad harto miserable?
La hora en que os habréis de decir: ¿qué importa mi justicia? No veo que yo sea pasión y frialdad. Y sin embargo, el justo debe ser pasión y frialdad.
La hora en que os habréis de decir: ¿Qué me importa mi compasión? Esa compasión, ¿acaso no es la cruz en la que clavan al que ama a los hombres? Pero mi compasión no es crucifixión.
¿Lo habéis anunciado ya? ¿Lo habéis gritado ya? ¡Ojalá ya os hubiera oído gritarlo!
¡No son vuestros pecados, sino vuestra moderación, lo que clama el cielo! ¡Vuestra mezquindad, aun dentro de vuestro pecados, es lo que clama el cielo!
¿Dónde se hallará el rayo que os lama con su lengua de fuego? ¿Dónde la locura que habría que inocularlos?
Pues bien, yo os predico el superhombre. ¡El Superhombre es ese rayo, el Superhombre es esa locura!”
Friedrich Nietzsche – Así habló Zarathustra
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